Cuando la reelección hizo que entrara el mar

0
5

Como ya hay gente del entorno del presidente Danilo Medina, ha comenzado a promover una nueva reelección, traigo a cuento un antecedente histórico que puede servirnos de advertencia.

Esta lección no tuvo el pueblo que aprenderla en cabeza ajena, porque la vivió, la sufrió y sufre sus consecuencias todavía. El presidente Horacio Vásquez fue electo en 1924 por cuatro años. Pero antes de cumplirse su mandato, Vásquez y sus allegados empezaron a alegar que no eran cuatro sino seis los años que les tocaban porque, a su decir, las elecciones del 1924 se habían efectuado bajo una constitución anterior que establecía un período de seis años.

¡Horacio o que entre el mar!, era la consigna que el fanatismo había creado. La oposición a esta idea continuista fue muy amplia, pero el presidente Vásquez que tuvo siempre un gran arraigo en la población; y junto a él, los beneficiarios de su administración, controlaban los resortes del Estado, y pese a los argumentos jurídicos y políticos en contra, se impusieron. Parece que en nuestro país, salvo muy contadas excepciones, y casi por todas partes, el poder emborracha, turba la razón y nubla el entendimiento. Por los beneficios que algunos devengan y por el deleite que produce el sentirse jefe y vivir en medio del aparato y de las pompas.

“Es bueno mandar aunque sea un hato de ganado”, dijo Sancho Panza. Y su señor, Don Quijote, lo dijo en frases más tiernas: “es dulcísima cosa aquello de mandar y ser obedecido”. Así, cuando llegó el 1930 el presidente y sus socios tampoco estaban satisfechos con los seis y se propusieron buscar la reelección por cuatro años más.

Don Horacio y su gobierno estaban agotados por la larga permanencia en el poder, el afán por la reelección agravó la crisis múltiple que afectaba el país.

Crisis política, en medio de la cual el propio Partido Nacional, de Vásquez se dividió profundamente; crisis moral a causa de la escandalosa corrupción de áreas y funcionarios importantes del régimen.

Pero el presidente persistió en la reelección, hundió al país en la descomposición y en el vacío y como desde aquella oposición también ambiciosa, dispersa e ineficaz de entonces no surgió ninguna alternativa decente, entonces la intelectualidad retrógrada y envilecida que había creado a Trujillo pasó al ataque, cayó vencido Don Horacio y entró el mar.

 Autor: Rafael Chaljub Mejía