Rusia, Turquía e Irán omiten diferencias y planean una paz conjunta en Siria

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Rusia, Irán y Turquía firmaron hoy en Ankara una declaración conjunta con la promesa de impulsar un proceso de paz en Siria que desemboque en unas elecciones supervisadas por Naciones Unidas.

El texto, rubricado por el presidente ruso, Vladímir Putin, el iraní, Hasan Rohaní, y el turco, Recep Tayyip Erdogan, pide un proceso de paz “libre, justo y transparente” que concluya en “una Constitución apoyada por el pueblo sirio y unas elecciones libres y justas con la participación de todos los votantes sirios bajo la apropiada supervisión de Naciones Unidas”.

Para tal fin, dice la declaración, se deben continuar los esfuerzos para erradicar a las organizaciones designadas terroristas por Naciones Unidas, a saber: el Estado Islámico (Dáesh en sus siglas árabes), el Frente Al Nusra y los grupos vinculados a Al Qaeda o al Dáesh.

Con el fin de evitar la muerte de civiles, “es muy importante diferenciar de las organizaciones arriba mencionadas los demás grupos armados que participan o participarán en el régimen del alto el fuego”, agrega la declaración.

Al no mencionar entre los grupos “terroristas” a las milicias kurdosirias Unidades de Protección Popular (YPG), se entiende que estas podrán participar en los acuerdos del alto el fuego, una tesis diametralmente opuesta a la postura defendida por Ankara.

De hecho, en la propia rueda de prensa que los tres mandatarios ofrecieron al terminar la cumbre, Erdogan insistió una vez más en llamar “terrorista” al YPG y aseguró que estas milicias “han completado una espiral del terror con el pretexto de luchar contra el Dáesh”.

“Repito que no descansaremos hasta que hayamos convertido en lugares seguros las zonas bajo control del YPG, empezando por Manbech”, dijo Erdogan.

La actitud frente a las milicias kurdas parecía la mayor diferencia, aunque poco explicitada, entre los tres presidentes que sellaron en Ankara una extraña alianza, dado que apoyan a grupos enfrentados en Siria.

Si las tropas rusas y las milicias iraníes son la punta de lanza del régimen de Bachar al Asad, Ankara apoya a varias milicias, la mayoría de ellas islamistas, alzadas en armas contra este mismo régimen.

Esta alianza de Turquía con los rebeldes se hizo evidente durante la operación que Turquía inició en 2016 contra el Dáesh al norte de Alepo, apoyándose en milicias locales que utilizan el nombre del difunto Ejército Libre de Siria (ELS), el primer frente armado que luchó contra Asad.

También la operación Rama de Olivo, lanzada en enero contra las YPG en el cantón kurdo de Afrin, fue realizada en gran parte gracias a las milicias del ELS, trasladadas al frente desde otras zonas de Siria, si bien el Gobierno turco nunca ha aclarado qué tipo de apoyo, armas, salarios o dinero proporciona a los combatientes.

La unidad escenificada hoy entre Erdogan y los valedores del régimen iraní, así como la ausencia de toda mención del propio Asad (al que el presidente turco aún recientemente calificó de asesino de su propio pueblo) hace poco probable que un ELS amparado por Ankara siga combatiendo contra el régimen de Damasco.

No queda claro, sin embargo, si Putin y Rohaní permitirán a Erdogan lanzar a estos combatientes suníes contra las milicias kurdas que dominan todo el noreste de Siria o si el “proceso inclusivo dirigido por sirios” mencionado en la declaración contará con el YPG.

En todo caso parece reducirse el papel de Estados Unidos en la contienda, y con ello probablemente también el de los países árabes vecinos.

Rohaní aludió en su intervención en la rueda de prensa a “algunos países, como Estados Unidos”, que “querían utilizar a las organizaciones terroristas como herramientas”, y criticó también las poco coherentes declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, respecto a sus planes para Siria.

“No nos podemos fiar de las palabras y promesas de los estadounidenses. Primero dijeron que querían abandonar Siria, y ahora dicen que se quedan, si los países árabes pagan. Parece que se quieren quedar, pero a cambio de dinero”, dijo Rohaní.

En este aspecto recibió todo el respaldo de Erdogan, que corroboró sus palabras y añadió con cierta sorna: “Mi hermano Rohaní no ha dicho la suma: Trump quiere siete billones de dólares”.

Esta exorbitada cifra ha sido mencionada varias veces por el mandatario estadounidense como el coste total por las guerras en Oriente Próximo desde 2001, aunque según analistas estadounidenses es una estimación que incluye varios años futuros y va más allá de la región árabe.