Muere Monte Irvin, miembro del Salón de la Fama

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MONTAHOUSTON (ESPNDEPORTES).- El miembro del Salón de la Fama Monte Irvin, un jardinero que bateaba con poder y que fue estelar de los Gigantes de Nueva York en la década de los 50 en una carrera abreviada por la exclusión de los jugadores negros en las Grandes Ligas, ha fallecido. Tenía 96 años.

El Salón de la Fama dijo que Irvin falleció el lunes de causas naturales en su residencia en Houston.

Irvin tenía 30 años cuando se unió a los Gigantes en 1949, dos años después de que Jackie Robinson rompiera la barrera del color. Irvin pasó siete de sus ocho temporadas en Grandes Ligas con los Gigantes y un año con los Cachorros de Chicago en 1956. Nativo de Haleburg, Alabama, Irvin jugó también las Ligas Negras, y en las ligas invernales de Puerto Rico y México en los años 20, 30 y 40.

Irvin bateó .300 o más en tres ocasiones, siendo su mayor promedio .329 en 1953. Terminó con promedio de por vida de .293 con 99 jonrones y 443 remolcadas, números que hubiesen sido mucho mayores de no haber sido por la segregación racial.

“Hoy es un día triste, muy triste para mí”, dijo el miembro del Salón de la Fama Willie Mays, compañero de equipo de Irvin con los Gigantes. “He perdido a alguien que quería mucho y que admiraba mucho, mucho; alguien que era como un segundo padre para mí. Monte era el tipo de persona con el que te tenías que relacionar para conocerlo. Pero una vez te hacías amigo de él, siempre te apoyaría. Te ganabas un amigo para toda la vida. Monte Irvin fue un gran jardinero izquierdo. Monte Irvin fue un gran hombre. Lo voy a extrañar. No hay palabras para describir como me siento hoy. Podría decir muchas cosas más sobre Monte, pero no es fácil hacerlo ahora”.

Irvin fue uno de los colaboradores más importantes en la asombrosa corrida de los Gigantes por el banderín en 1951 cuando superaron a los Dodgers de Brooklyn luego de estar atrás por 13.5 juegos a mediados de agosto. Irvin bateó .312 con 24 jonrones y 121 impulsadas, líder en ese renglón en la Liga Nacional.

Ese año Irvin se unió a Hank Thompson y Mays para conformar el primer trio de jardineros negros en las mayores. Terminó tercero en la votación del JMV en la Liga Nacional.

Irvin fue recompensado con un contrato estimado en $25,000, un aumento de salario de casi el 100 por ciento.

Desafortunadamente para Irvin no pudo repetir su actuación del 1951 en el 52.

El 2 de abril en un partido de exhibición ante los Indios de Cleveland en Denver, sufrió una fractura y dislocación del tobillo derecho luego de un deslizamiento duro en la tercera base. Cuatro meses después, Irvin pudo volver a jugar. En el 1954, ayudó a los Gigantes a barrer a Cleveland para ganar la Serie Mundial.

Los días de Irvin en uniforme de los Gigantes finalizaron el 24 de junio de 1955, a los 36 años, cuando fue vendido a Minneapolis en las ligas menores. Jugó un año más en las mayores con los Cachorros antes de retirarse en mayo de 1957 mientras militaba con el equipo de Los Angeles en la Liga de la Costa del Pacífico.

Luego de su retiro del béisbol Irvin laboró como escucha para los Mets de Nueva York y en el equipo de relaciones públicas de una cervecería.

El 21 de agosto de 1968, Irvin hizo historia cuando el entonces comisionado de béisbol William D. Eckert lo nombró asistente del director de relaciones públicas del béisbol, convirtiéndose en el primer negro en ser nombrado a una posición ejecutiva en la jerarquía del béisbol profesional. Luego, Irvin fue nombrado asistente especial del comisionado Bowie Kuhn.

En 1973, Irvin fue electo al Salón de la Fama por el Comité de las Ligas Negras. El 6 de agosto de 1973, Irvin entró al Salón junto con el lanzador Warren Spahn y el jardinero Roberto Clemente, quien había fallecido varios meses antes en un accidente de aviación.

De hecho, Clemente e Irvin llegaron a ser grandes amigos, cuando este último se enteró de que el astro puertorriqueño lo admiraba como jugador desde que era niño, cuando jugó en la liga boricua para los Senadores de San Juan, con quienes llegó a ganar el premio de JMV en la temporada 1945-46.

“Yo solía esperarlo frente al estadio solo para pasar al lado de él, para poder verlo”, recordó Clemente en una ocasión.

Luego de varias visitas al estadio, e incontables pedidos de autógrafos, Roberto e Irvin llegaron a un acuerdo: Roberto le cargaría el guante a Irvin, y a cambio, Irvin le regalaría a Roberto pelotas usadas y bates rotos.

“El primer héroe que yo tuve… yo diría que fue Monte Irvin, cuando era niño”, decía Clemente. “Pienso que él tenía el mejor ojo, la mejor postura, y el mejor brazo de todos los ligamayoristas que han jugado en Puerto Rico. Además fildeaba muy bien y su tiro era como una bala”.

“Clemente me vio cuando yo todavía podía tirar. Cuando yo jugaba en Puerto Rico, era joven y todavía estaba en mi mejor forma. Él me dijo que quería jugar como yo. Él era conocido por ese gran brazo. Yo le dije que si quería tirar como yo, todo lo que tenía que hacer era practicar”, dijo Irvin.