Obispos llaman a ser solidarios y combatir el mal a fuerza de bien

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SANTO DOMINGO.- Ante los difíciles tiempos que vive el país a causa de la pandemia del Covid-19, la Conferencia del Episcopado Dominicano llamó este domingo a los dominicanos  a luchar para  combatir el mal a fuerza de bien y  a prometer  amar la patria.

En su carta pastoral con motivo de la conmemoración del Día de La Altagracia y de la  preparación del centenario de su coronación canónica,  los obispos enviaron  a la población  palabras de fortaleza y esperanza.

Exhortaron reconocer  que los bienes materiales no nos dan la gloria final que es el cielo, y aprender  a desprenderse de un poco para ayudar a otros con más necesidades.

«Seamos con María, bondadosos, amantes del bien, solidarios con los demás, abogados para defender al desvalido, y protectores de los más sufridos, devolviendo con sentido de gratitud, todos los beneficios recibidos. Seamos más fervorosos en la oración y más fieles a Iglesia. Participemos en la liturgia y trabajemos por aumentar la fe, que nos acerca cada
vez más a Dios», sostienen los religiosos.

Los prelados dieron conocer a demás el lema del Plan Pastoral para este año 2021, titulado «Como María acojamos y vivamos el Reino de Dios
en permanente conversión”.

En su carta pastoral los obispos resaltaron las cualidades de la virgen de La Altagracia y la devoción a ella, la cual calificaron como una verdadera y  extraordinaria historia. Asimismo, narran la historia de la imagen de la Virgen de la Altagracia.

«Ella acogió el Reino de Dios, aceptando su voluntad; asumió la misión de ser Madre de su Hijo, manteniendo y cuidando su embarazo a pesar de las críticas y del peligro que corría su propia vida. Ella es modelo y sostén de todos los que, por cumplir los principios del Evangelio, arriesgan sus vidas. Ella vivió los valores del Reino de Dios en la familia,
siendo una estrella ejemplar que guía también las
nuestras hacia la plena salvación».

Expresaron que hoy  la madre protectora del pueblo dominicano nos convoca en uno de los
momentos más difíciles de la  vida cotidiana, como nación. «La necesidad de su intercesión nos llama a volver a reencontrarnos con ella para pedirle que no aparte de nosotros su protección, que no nos deje solos».

Recomendaron que, como María «vivamos la alegría, la acogida, la confianza, y no le tengamos miedo al sacrificio».