Por Daniel Toribio
En más de cuatro ocasiones, el presidente Luis Abinader ha reiterado la Meta RD 2036 como eje de su narrativa económica. En Dubái, en La Semanal, en actos oficiales y en la activación de comités sectoriales, el mensaje se repite: duplicar el tamaño de la economía para 2036, crear empleos, triplicar salarios y erradicar la pobreza extrema. El problema no es la ambición. El problema es la distancia entre el discurso y los datos.
Veamos la primera afirmación: duplicar el PIB en 12 años. Duplicar la economía exige crecer cerca de 6% anual de forma sostenida. No es una opinión: es aritmética. Pero el arranque no acompaña la promesa. En 2024, el PIB creció 5%. En 2025, el crecimiento cayó a 2.1%. Para 2026, las proyecciones oficiales rondan 4%. Ese patrón abre una brecha: para cumplir, el país necesitaría crecer alrededor de 6.5% anual durante una década.
Aquí entra un contraste útil. El Harvard Growth Lab, en el Atlas of Economic Complexity, proyecta para República Dominicana un crecimiento promedio anual de 3.82% del PIB real entre 2024 y 2034. Es una estimación respetable, pero está por debajo del umbral implícito de la meta. Esa afirmación sugiere un dinamismo relativo, no el salto sostenido que lleva a duplicar en 12 años.
Segunda afirmación: “condiciones óptimas” para crecer al 6%. El presidente sostiene que el país está listo para acelerar. Los datos macro apuntan a restricciones: la inversión pública pierde empuje en términos reales, la construcción privada se enfría, la manufactura local y las zonas francas crecen menos, y el crédito no se dirige con fuerza a sectores productivos. Sin una tasa de inversión más alta y estable, el 6% queda como deseo.
Tercera afirmación: reforma estructural en marcha. Se habla de una “segunda ola de reformas”, pero las claves siguen pendientes. El sistema eléctrico continúa drenando recursos. El mercado laboral mantiene alta informalidad. La productividad total de los factores no muestra una mejora. No hay reforma fiscal integral. Crear comités no equivale a ejecutar reformas. Gobernar no es organizar mesas: es tomar decisiones con costo.
Cuarta afirmación: bienestar acelerado. Sin mejoras en empleo formal, salarios reales y servicios públicos, el crecimiento pierde contenido social. Triplicar salarios exige aumentos fuertes de productividad y una trayectoria de crecimiento consistente, no anuncios.
Quinta afirmación: hoja de ruta creíble. Una hoja de ruta exige hitos verificables, responsables claros y correcciones cuando los resultados no llegan. Meta RD 2036 sigue operando más como marca que como plan medible: faltan reportes periódicos de avance, metas intermedias y ajustes explícitos ante desvíos. Si el país va a tomarse en serio 2036, la discusión debe moverse de la consigna al tablero: inversión, productividad, reformas y seguimiento público.

