Orlando Magic ya acaricia la machada ante los Detroit Pistons

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ESTADOS UNIDOS (NBAMANIACS.com).-Se abusa en ocasiones de la idea de que un determinado suceso era imposible de prever. Con la intención de dar una mayor épica al relato o de magnificar una sorpresa, se acude a ese lugar común y se tilda prácticamente como milagro un hecho sorpresivo, sí, pero que no escapaban a la lógica probabilística del mundo físico.

Ahora, si hay una eliminatoria que merezca tirar de este tópico, es la de los Orlando Magic.

El cuadro de Florida ha vuelto a doblegar a los Pistons, esta vez por 94-88, para poner el 3-1 y colocarse ya a un solo triunfo de convertirse en séptimo equipo que, siendo octavo clasificado, elimina al líder de su conferencia en primera ronda. Un hito para el que solo les queda ya una victoria, que será la más complicada de lograr pero en la que, ahora sí, no es imposible creer. Porque estos Magic son por fin el equipo que esperábamos hace meses.

Lo que siempre debió ser

El nivel de sorpresa de esta serie pasaría del 10 al 0 si se hubiese disputado en octubre. En aquel momento, Detroit y Orlando parecían dos equipos que arrancaban el curso en una posición similar, con aspiraciones parecidas y con una construcción de plantilla que podía tener algunas semejanzas. Luego la realidad puso a cada uno en un lugar muy distinto y pareció dejar todo lo que se escribió en los análisis previos en papel mojado, pero de repente lo que se decía de ambos al inicio de temporada resulta más relevante que nunca.

Y es que resulta que de repente los Magic sí son un equipo con una defensa muy agresiva capaz de complicar a cualquiera y de convertirse en su primer arma. De repente los Pistons sí son un equipo con limitaciones ofensivas alrededor de Cunningham y propenso al atasco ante rivales muy cerrados. De repente estos sí son dos equipos muy parejos disputando una serie de tú a tú. Y en esa paridad, los pequeños detalles están cayendo del lado de los de Mosley.

Tras un choque de idas y venidas, de parciales dominantes de un lado y de otro, de escaso acierto y de mucha lucha, todo quedó dispuesto para decidirse en el tramo final, y ahí ocurrieron esas cosas que pasan cuando un equipo está en su peak de confianza y el otro sumido en un mar de dudas. La lógica sigue diciendo que las probabilidades de que la moneda salga cara o cruz siguen siendo 50-50, pero por algún motivo no deja de caer para el mismo lado. Y ese lado es, ahora, el de Orlando.

Y esos detalles, en un último cuarto en el que ninguno de los dos equipos llegó a los 20 puntos y en el que cada canasta vale su peso en oro, son un lujo. Que Jalen Suggs, en una noche desastrosa en el tiro, se saque de la manga un triple desde la esquina cuando más aprietan los visitantes; que Desmond Bane se encuentre la ayuda del tablero en un triple a la desesperada. Acciones en las que un milímetro a un lado o a otro podría haber cambiado el devenir del choque y por ende de la serie.

Y ese milímetro ahora mismo está del lado de los de Florida.

Cuestión de flexibilidad (y fe)

Esos detalles, no obstante, a veces hay que buscarlos. Y eso es algo que solo un entrenador, curiosamente el más cuestionado durante todo el curso, se atrevió a hacer. Porque mientras en un lado pecaban de rigidez e inmovilismo con un plan que no estaba funcionando, en el otro se atrevieron a ser valientes.

Jamal Cain se ha ido ganando su puesto en Orlando este curso, pero aun con su buen segundo tramo es un hombre que no pasa de jugador de rotación. Y sin embargo, desde ese rol a veces se pueden ganar partidos. El alero, con su energía, determinación y defensa, estaba emergiendo como un pilar clave del buen momento de los Magic, ante lo que Mosley optó por dejarlo en pista durante todo el último cuarto en detrimento de un Franz Wagner que era, en ese momento, máximo anotador pero que estaba rindiendo peor tras el descanso.

Una decisión que el alero le pagó con dos mates que encendieron al equipo y dieron a los de Florida cuatro puntos claves.

A Bickerstaff, por el contrario, le tembló la mano a la hora de sentar a un Jalen Duren que sigue sin entrar en la serie y que esta madrugada rindió infinitamente peor que un sensacional Isaiah Stewart que, con 8 tapones, estuvo a ratos imperial en la pintura. El pívot ayudó de hecho a cambiar el encuentro tras el mal arranque de los de Michigan, y cuando, nada más regresar a pista, firmó otra sensacional acción defensiva en el último cuarto, parecía que estaba llamado a ser de nuevo instigador de otra reacción.

Sin embargo, el técnico visitante reculó rápidamente en su decisión y devolvió a Duren a pista un minuto después, decisión que no tardó en probarse equivocada. El pívot empezó cometiendo una falta tonta sobre Wendell Carter que permitió al de Orlando sumar dos puntos desde el tiro libre, y continuó cometiendo una segunda personal, esta en ataque, que prolongó la sequía visitante.

Y de paso, prolongó la sensación de que el técnico tiene que tocar algo en su rotación interior antes de que sea demasiado tarde.

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