Bogotá (EFE).- Germán Vargas Lleras, el poderoso vicepresidente de Juan Manuel Santos que lideró un ambicioso programa de infraestructuras y construcción de vivienda en Colombia, un político de mano dura que escaló todos los peldaños del servicio público hasta buscar sin éxito la Presidencia de la República, ha fallecido a los 64 años. El ex vicepresidente padecía desde hace años un cáncer del que nunca reveló mayores detalles.
Como cabeza indiscutida del partido Cambio Radical, Vargas Lleras fue en los últimos tiempos uno de los opositores más vocales al Gobierno del izquierdista Gustavo Petro y mantuvo su influencia. Fue concejal, diputado, representante a la Cámara, senador, ministro, vicepresidente y candidato presidencial. A pesar de las especulaciones sobre otra candidatura en este 2026, optó por no aspirar nuevamente. Tampoco estuvo muy presente en la campaña para las legislativas del pasado 8 de marzo, aunque invitó a votar por las listas de su colectividad, que no tiene un candidato presidencial propio para la primera vuelta del 31 de mayo. Convaleciente después de haberse sometido a procedimientos médicos en Estados Unidos y en Bogotá, su salud fue un obstáculo insalvable para su esperado regreso a la arena electoral.
Desde las páginas de opinión en el periódico El Tiempo fijó posiciones a lo largo de este cuatrienio. “Nunca antes habíamos visto un uso tan descarado del aparato público con fines electorales”, escribió Vargas Lleras a finales de enero en la que fue la última de sus columnas, un espacio que llegó a suspender en algunos momentos por sus problemas de salud. “Nombramientos y despidos masivos, ampliaciones de plantas de personal, cientos de miles de millones en nuevos contratos a pocos días de entrar en vigencia la ley de garantías, disminución de requisitos para ocupar cargos, intervención en política por parte de los funcionarios y un sinnúmero de anuncios populistas para comprar conciencias”, se lamentaba entonces sobre la Administración de Petro, un presidente en las antípodas ideológicas.
“Las fuerzas de oposición, y aquellos sectores que creen que vamos por muy mal camino, tenemos que llegar unidos, con un solo candidato. Cualquier otra cosa sería un suicidio”, advertía Vargas Lleras en marzo del 2025 en su última entrevista con EL PAÍS. El 25 de abril de ese año fue sometido a “una intervención neuroquirúrgica programada”, según informó la Fundación Santa Fe, en Bogotá, y después pasó meses en Houston para otros tratamientos de los que trascendieron pocos detalles. El propósito de consolidar un frente único de oposición incluso lo llevó a acercar posiciones entre Cambio Radical y el Centro Democrático, el partido referente de la derecha más dura, fundado y presidido por el expresidente Álvaro Uribe, con quien mantenía una vieja rivalidad.
Vargas Lleras, con cicatrices de su dilatada carrera que saltaban a la vista, era reconocido como uno de los políticos más curtidos de Colombia. “Por suerte o por la Divina Providencia, en varios episodios logré salvar mi vida sólo por fracciones de segundos… o de centímetros”, recordaba en Hacer, cumplir, avanzar, el libro que publicó durante su fallida campaña presidencial de 2018. Se refería, entre otros, a dos atentados con explosivos atribuidos a la entonces guerrilla de las FARC, uno de los cuales le costó dos dedos de la mano izquierda. Por cuenta de esos ataques, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el tribunal de justicia transicional encargado de juzgar los delitos más graves cometidos durante el conflicto armado, decidió acreditarlo hace dos años como víctima de las FARC.
El primero ocurrió el 13 de diciembre de 2002, cuando Vargas Lleras era senador y recibió en su oficina del Congreso de la República un libro bomba que inexplicablemente pasó todos los controles de seguridad. Al detonar, le provocó graves heridas. “Solo recuerdo un ruido demencial, un dolor infinito y mucha sangre. Mi mano derecha quedó, literalmente, colgando de un hilo y los dedos meñique, anular y parte del medio volaron en mil pedazos”, rememoró el propio Vargas Lleras años después en un artículo periodístico.
El segundo, ocurrió cerca de la medianoche del 10 de octubre de 2005, cuando salía de las instalaciones de Caracol Radio. La explosión de un carrobomba impactó el vehículo en el que se transportaba y dejó un saldo de nueve personas heridas, entre ellas sus escoltas. Luego de firmar la paz a finales de 2016, las FARC reconocieron la autoría de ambos atentados y manifestaron su voluntad de aportar a la verdad ante la justicia transicional en una carta dirigida en 2020 al ya expresidente Santos.
Nieto del presidente liberal Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) y abogado de la Universidad del Rosario, Vargas Lleras comenzó muy joven su carrera política de la mano de Luis Carlos Galán, asesinado en 1989. Más allá de esas raíces en el liberalismo, se posicionó como un político de mano dura con sus feroces críticas desde el Congreso a la negociación de paz de El Caguán, en el periodo de Andrés Pastrana (1998-2002). Fue ministro del Interior y luego de Vivienda durante el primer periodo de Santos (2010-2014), y en el segundo (2014-2018), ya en la Vicepresidencia, se extirpó un tumor cerebral benigno, detectado después de que se desplomó en una tarima.
Distanciado del proceso que llevó al acuerdo de paz, como vicepresidente inauguró un ambicioso programa de infraestructuras y entregó 100.000 casas gratis a las franjas sociales más vulnerables. Construyó la imagen de un ejecutor eficaz. Con ese protagonismo, arrancó como favorito la campaña del 2018, pero quedó cuarto en la primera vuelta, con menos de un millón y medio de votos, por detrás de Iván Duque, de Petro –quienes disputaron la segunda vuelta– y también de Sergio Fajardo. No por eso dejó de proyectar su influencia sobre la política colombiana, e incluso mantuvo representantes de Cambio Radical en el Gabinete de Duque (2018-2022).

