Por Johnny Arrendel
El PLD ha elegido un camino claro: atacar frontalmente a la Fuerza del Pueblo y posicionar a Gonzalo Castillo como principal rival de Leonel.
Esta táctica logra lo que busca a corto plazo: enciende a su militancia tradicional, genera titulares y recupera parte del voto morado desencantado. Revitaliza.
Pero en marketing político y en la ciencia de las alianzas, una cosa es ganar likes internos y otra muy distinta es construir un camino real al poder.
Aquí es donde aparece el riesgo mayor. Al concentrar sus baterías contra la FP en lugar de contra los problemas del gobierno (economía, migración, endeudamiento), el PLD ecomete un error clásico: pelear en el terreno que el enemigo domina.
Así fragmenta aún más la oposición y, en un escenario tripartito, quien divide a la oposición… ayuda al oficialismo a seguir en el poder, aunque este no supere el 30-32% de simpatía.
Las leyes del marketing electoral son implacables: El votante castiga la división y premia la unidad percibida.
Atacar al competidor más fuerte (FP) sin ofrecer una propuesta superior solo consolida al tercero.
Una marca que se posiciona como “anti” otra marca opositora termina percibida como subsidiaria del oficialismo.
El PLD corre el riesgo de quedar atrapado en una encerrona de su propia creación: crecer un poco en bases duras, pero estancarse en el techo del 18-22% nacional.
Suficiente para ser relevante, pero insuficiente para disputar primera o segunda vuelta.
Además, la imposición percibida de Gonzalo por el danilismo revive viejas heridas.
Sectores leonelistas residuales, abelistas y otros cuadros podrían generar fracturas internas visibles.
Una candidatura que se sienta “impuesta” erosiona la unidad necesaria para expandirse más allá del núcleo duro.
En marketing, una marca dividida pierde credibilidad ante el votante independiente.
Mientras tanto, la FP tiene el arma más poderosa en política: el tiempo.
Leonel y Omar Fernández son hoy las dos figuras con mayor proyección.
Uno aporta experiencia, estructura y liderazgo consolidado.
El otro trae frescura, bajísima tasa de rechazo y fuerte aceptación entre independientes y jóvenes.
Esa dualidad permite a la FP esperar, observar y capitalizar el desgaste del gobierno y los desplazados del PLD decepcionados por la confrontación fratricida.
La estrategia ganadora no es reaccionar a las provocaciones. Es obligar al adversario a gastar sus recursos en un terreno donde la FP domina: paciencia, unidad y timing perfecto.
En octubre de 2027, cuando el país esté cansado de promesas incumplidas y divisiones artificiales, la FP se presentará como la opción madura, cohesionada y renovada.
Ya sea que ratifiquen a Leonel o proclamen a Omar en un acto histórico, estará lista.
Porque en política, como en el ajedrez de alto nivel, no siempre gana quien ataca primero. Gana quien elige el momento y el campo de batalla correcto.

