Colombia (EFE).- En la Reserva de Meléndez, un conjunto de apartamentos situado en una de las laderas de la ciudad colombiana de Cali, unas 200 familias intentan dormir desde hace dos noches bajo carpas levantadas frente a los edificios que hasta hace pocos días llamaban hogar.
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia dejó grietas en sus apartamentos, techos desprendidos y estructuras que ahora miran con temor, sin saber si podrán volver a entrar.
Ahora, las carpas se han convertido en sus habitaciones y refugios. Allí guardan la ropa, fotografías, documentos y los pocos objetos que pudieron rescatar. También duermen sus mascotas, que permanecen junto a las familias en medio de la incertidumbre.
La mayoría de estos vecinos compró sus apartamentos mediante créditos que todavía están pagando. Otros viven de alquiler y aseguran que no tienen otro lugar a dónde ir.
«Las torres quedaron destruidas, no sabemos si podremos volver a entrar. Nos falta que el Gobierno mande personas expertas en suelos para que nos diga si podemos volver a ellas, pero las grietas son enormes», cuenta Almeida.
La espera está marcada por el miedo. «Muchos nos han ofrecido vivienda, un albergue para ir a quedarnos, pero no queremos salir por miedo a que nos saqueen lo poco que tenemos«, explica la joven.



