Por: José Francisco Peña Guaba
El tema de esta reflexión, del que hace tiempo quería escribir, es algo muy espinoso que con cuidado trataré para que no se nos sindique de tener aptitudes discriminatorias o de odio alguno a lo que mal le llaman racismo inverso, contra los que por siglos en esta media isla han marginado a la mayoría étnica mestiza y negra de la población dominicana.
La verdad histórica es que las élites blancas, desde los tiempos coloniales y de la esclavitud, han tenido el predominio político y económico de esta parte de la isla, por lo que no ha de sorprendernos que todavía al día de hoy su hegemonía permanezca.
Lo que sí resulta inverosímil es que los principales discriminados, que según el último censo realizado en el año 2022, somos más del 83% de la población, acepten dicha marginación social, racial y económica con resignación, en estos tiempos de amplias libertades, donde las pocas cadenas de la opresión que existen se siguen rompiendo día a día.
Es que en nuestro país existe un racismo estructural que segrega y discrimina en términos de representación a las mayorías étnicas nacionales, en el gobierno, en los medios de comunicación y en los sectores económicos, ya que son innegables las barreras que tienen los mestizos y afrodescendientes para acceder a tener las mismas oportunidades de las que disfrutan los blancos o popis en esta sociedad.
Los estereotipos negativos contra los mestizos y negros están a la luz del día, ya que se nos asocia prejuiciosamente a la criminalidad, pobreza, falta de educación y valores por tener la piel más oscura que los que se entienden como los dueños de la República. Aquí se discrimina a diario en todas las instancias públicas y privadas a miles de dominicanos: a los que tienen interés de adquirir un empleo, una modesta beca o un servicio de cualquier tipo, todo porque aquí casi siempre se privilegia a los blancos.
Ahora bien, la muestra más segregacionista y radicalmente más discriminatoria se da precisamente y asombrosamente en el Gobierno del Cambio, algo que resulta paradójico cuando los modernos dicen ser los prosélitos de un líder de raza negra, José Francisco Peña Gómez.
Ser mestizo, mulato o negro es un pecado actualmente en las estructuras del poder de la República Dominicana, porque solo hay que observar cómo me lo expresó con vergüenza un alto funcionario público, que una reunión del Consejo de Gobierno en el Palacio Nacional se le parece a la que se lleva a cabo en la Casa Rosada en Argentina y no en Dominicana, porque el predominio de los blancos es tal que resulta más que vergonzoso y lo peor es que también estos deben ser ricos, acicalados y de apellidos rimbombantes para ser parte del mismo.
Son como lunares los muy pocos altos funcionarios públicos que se inscriben en la mayoría étnica del pueblo dominicano. Es por ello que, si usted es pobre y prieto, mientras estén los popis instalados en la Mansión de Gazcue, no sueñe con llegar a ser parte de la maquinaria del poder que nos gobierna.
Aunque les sea difícil por orgullo a muchos “que tienen el negro detrás de la oreja” admitir el apartheid en que vivimos y que está instalado como sistema social, económico y de gobierno, a los que todavía lo duden les presento a continuación una parte ínfima de toda la discriminación étnica que existe en República Dominicana contra nuestros propios nacionales, veamos:
1- Represión y violencia: Las fuerzas de seguridad, comprobado está, actúan con discriminación y violencia principalmente con los afrodescendientes y mestizos; solo hay que ver el trato diferente que se le da a un blanco que se le entiende rico, frente a un mulato y negro, aun cuando sea por una tonta infracción de tránsito.
2- El monopolio del poder: La élite blanca y rica casi siempre ha tenido los gobiernos bajo su control y la economía en sus manos; son estos los únicos que se benefician de vender la falsa idea de que nuestros orígenes son exclusivamente europeos, tratando así de instalar en el imaginario popular una actitud de negación de nuestra identidad.
3- Exclusión sistemática: Los mestizos y negros son excluidos del funcionariado público, de los empleos de calidad, de la toma de decisiones, de los cuantiosos y jugosos contratos del Estado, de la representación diplomática nuestra en el exterior, entre otros. La verdad es que la desigualdad se manifiesta con mayor ahínco en este popi gobierno más que en ningún otro de los que hayamos tenido.
4- La falta de acceso a la justicia: Los más discriminados en las acciones del ministerio público y de la mayoría de los responsables de impartir justicia son siempre los de la mayoría étnica nuestra; solo hay que observar cómo en los sonados operativos de corrupción administrativa a los blancos y poderosos los mandan de una forma u otra para su casa, pero a los mestizos, mulatos y negros los encierran en una cárcel sin trato preferencial alguno.
5- Falta de diversidad: Las élites blancas y el gobierno actual ambos se sienten cómodos con la casi inexistente presencia de afrodescendientes en sus áreas de influencia o control; sin ambages, estos sectores no se ruborizan ante el hecho de representar injustificadamente a un pueblo, donde casi la totalidad de su población étnicamente no se parece ni por asomo a ellos.
6- El esteticismo gubernamental: Se ha impuesto la belleza y el color como condición para acceder a cualquier tipo de favor público; solo tienen que ver cómo a cualquier morenita joven, por más capacidad y estudios que tenga, es desestimada en una oferta de empleo para darle paso a cualquier blanquita que, sin preparación alguna,, tenga una cara y una línea corporal ajustada al interés lascivo de cualquier funcionario oficialista.
Para que un mulato o negro se tope con un decreto presidencial, se tiene que persignar, por lo difícil de lograr el mismo en el actual gobierno; así también está pasando con las candidaturas a cargos electivos con sus honrosas excepciones, ya que a un popi o blanquito se le abren las puertas en apoyo, tanto de apoyo económico, de los medios de comunicación tradicional y de las élites corporativas, mientras si tú eres del color del pueblo y no dispones de abolengo o dinero para ganar, “tienes que coger más lucha que un forro de catre”.
Estimado lectores, cuando veo las reuniones de los altos funcionarios del gobierno de los modernos me da vergüenza ajena doblemente, primero como ciudadano orgulloso de ser parte de la mayoría étnica de este bravío pueblo y también como vástago del hombre al que la mayoría de estos demagógicos funcionarios sindican como su líder histórico e inspiracional, el mismo que fue victima pese al inmenso apoyo y cariño del pueblo de la mayor de las discriminaciones, el de quererle negar por el color de su piel su nacionalidad y su patriotismo sin par, por lo que ese comportamiento segregacionista de la hoy cúpula oficialista no la entiendo, aunque si el de las élites blancas que le mandan, aunque sé que no pocos dirigentes oficialistas se molestarán porque les señalo sus acciones discriminatorias y racistas, algo que se encuentra en las antípodas de lo que fue el accionar y el pensamiento de mi padre, que orgulloso de su negritud y de ser parte de la mayoría étnica del pueblo que le amaba y ante las acciones pérfidas de influyentes sectores que hicieron de todo junto al reformismo de las sombras para que este no llegara al poder a representar a los marginados que también hoy por razones económicas y raciales se les sigue discriminando, por eso les dejo a modo de recordación la cita final de un discurso memorable del líder de masas más grande que ha parido la República en toda su historia José Francisco Peña Gómez “Tengo negra la piel es verdad, pero tengo luz en mi conciencia para desentrañar la verdad que me ocultan las sombras”.

