La penitencia fiscal que cargan los munícipes de SDE

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Por RAFAEL CASTILLO

La penitencia que esta administración ha impuesto a los munícipes de Santo Domingo Este (SDE), carente de cuentas claras y con una total ausencia de transparencia, invita a los ciudadanos de la ciudad a reflexionar en esta Semana Santa y preguntarse: ¿qué pecado tan grande hemos cometido para sufrir este calvario en medio del viacrucis que estamos atravesando?

El informe de ejecución presupuestaria correspondiente a los 12 meses del año 2025, obtenido de la página oficial del Ayuntamiento de Santo Domingo Este, es la radiografía de una administración que ha confundido planificación con improvisación y recaudación con persecución.

En las calles de Santo Domingo Este, brigadas municipales recorren sectores enteros en una cruzada permanente de cobros,: notificaciones, inspecciones, advertencias, nuevas tasas y figuras impositivas que se multiplican con creatividad casi infinita. El ciudadano común, el comerciante, el constructor o el pequeño contribuyente siente el peso de un aparato recaudador voraz, insistente e incluso compulsivo.

Sin embargo, esa persecución, casi agobiante, no se traduce en los números. Veamos:.

El cuadro inicial del presupuesto es, por decir lo menos, un ejercicio de adivinanza e improvisación. La gestión municipal arrancó el año 2025 con una proyección de RD$ 3,579.9 millones, una suma ya de por sí irracional, tomando en cuenta un salto de más de un 59% en relación con el año anterior.

Sin embargo, tras una serie de modificaciones que sumaron RD$321.2 millones adicionales, el presupuesto se infló hasta alcanzar la cifra de RD$3,901.1 millones. Una decisión difícil de justificar, ya que las ejecuciones trimestrales indicaban que no se iba a cumplir la meta original; en lugar de ajustarlo a la realidad, optaron por inflarlo aún más.

Al cierre del año, apenas se materializó el 77.57% de los ingresos proyectados. Es decir, mientras en la calle el ciudadano percibe una presión fiscal creciente y servicios precarios, en los informes oficiales el dinero simplemente no aparece en la magnitud que la propia alcaldía se encargó de publicitar.

Aquí emerge la gran contradicción de esta gestión: una alcaldía que cobra como si recaudara mucho, pero reporta como si recaudara poco.

El divorcio entre percepción y realidad se vuelve aún más inquietante cuando se observan las partidas de los gastos. La alcaldía registró compromisos por un total de RD$3,391,181,086.50 durante los 12 meses del año. Sin embargo, al 31 de diciembre de 2025, solo se habían pagado RD$2,407,136,327.15.

Esto implica que el ayuntamiento cerró el año con una deuda pendiente (cuentas por pagar) de RD$984,044,759.35, equivalente a aproximadamente el 29% del gasto no liquidado de ese año. Se trata de una cifra que no es solo contable, sino también política e inmoral, pues refleja compromisos incumplidos, proveedores en espera y una carga trasladada al futuro inmediato.

Pero es en el terreno de los ingresos propios donde la incoherencia de la gestión alcanza niveles críticos. De una meta de RD$555 millones, apenas se recaudaron RD$ 128.7 millones, un escaso 23%. Este dato, por sí solo, desmonta cualquier narrativa de eficiencia fiscal y racional planificación.

¿Cómo se explica que, mientras los ciudadanos denuncian una presencia constante de cobradores, policías municipales actuando como si fueran el Rambo municipal de las recaudaciones y nuevas exigencias tributarias, los reportes reflejen niveles tan bajos de recaudación? ¿Dónde está el dinero que, según la percepción generalizada, sí se está cobrando?

Los ejemplos rozan lo absurdo. Sectores enteros de actividad económica aparecen con recaudación nula: hoteles, moteles, car wash, parqueos. Las licencias de construcción, en una ciudad en evidente expansión vertical y horizontal, apenas generan RD$328.00 frente a un millón presupuestado. No es una brecha; ¡es una desconexión total con la realidad!

Esta situación solo admite dos explicaciones, ambas alarmantes: o existe una incapacidad técnica profunda para registrar y transparentar lo recaudado, o hay fallas estructurales en los mecanismos de control que impiden que el dinero llegue y no se refleje dónde debe.

Santo Domingo Este cerró el 2025 atrapado en un laberinto fiscal con empleados en la calle persiguiendo impuestos, contribuyentes sintiéndose asfixiados y reportes oficiales que no logran explicar el destino ni la magnitud de lo cobrado.

En un próximo artículo trataremos las ejecuciones presupuestarias de los gastos realizados por el ayuntamiento en el año 2025, y le adelanto que aún no salgo del asombro ante el despilfarro de dinero sin control.

Los datos y los números no mienten. Pero en esta gestión, tampoco terminan de decir toda la verdad.

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