Reflexiones atrevidas #126: Los dueños del poder: El empresariado metido en política

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Una incipiente oligarquía nacional nació con la misma República, por eso algunos de sus principales auspiciadores lograron llegar a la Presidencia de esta nueva nación todavía en los albores de una independencia disputada entre los grupos que interactuaron en lograr la misma, aunque en honor a la verdad histórica, los comerciantes de la época sucumbieron ante el liderazgo militar en ciernes, que asumió el control de las diferentes regiones en este lado de la isla.

Aunque los mercaderes o colonos a inicio de la vida republicana eran en su mayoría españoles, sus hijos nacidos en esta tierra, la mayoría con damas criollas, lograron insertarse en la administración y dirección del nuevo estado. Estos fueron los orígenes de la influencia y conexión de las pocas familias pudientes de ese entonces con el poder. Todo esto se produjo al despuntar el alba con la concreción de los sueños duartianos de libertad.

Aunque se reconoce que quien consolidó el sector oligárquico en República Dominicana fue el 5 veces presidente Buenaventura Báez, fue sin embargo con la llegada al poder del Dr. Donald Read Cabral en el 1963, más de 100 años después, que se vio de forma más clara que estábamos al borde de la instauración de una oligocracia; lo que sí es propicio conocer es que lo que han gestionado los gobiernos en nuestra patria con peores resultados han sido aquellos burgueses que, prevalidos de su fortuna y el apoyo de sus iguales, han asaltado el poder.

La caída del triunvirato en el año 1965 y la llegada de la revolución de Abril fue la muestra más inequívoca de que los ricos solo defienden a su clase, no les interesan “los de a pie”, y fue por ello que el pueblo se tiró a la calle a morir para tratar de reinstaurar al derrocado expresidente Juan Bosch en el Palacio Nacional.

Los norteamericanos, aunque lograron impedir la vuelta al poder del profesor Bosch, descartaron de plano llevar a un representante de los sectores oligárquicos una vez más al poder, y es de ahí que emerge la figura del Dr. Joaquín Balaguer, el bonapartista por excelencia, ya que no representaba a ninguno de los sectores en pugna, así como lo fue Napoleón después de la Revolución Francesa, y es por eso que llega al poder, porque este no era ni monárquico ni republicano.

Hasta los más feroces críticos del Dr. Joaquín Balaguer tenemos que reconocer que este supo ponerle límites a las ambiciones desmedidas de la oligarquía. La prueba más palmaria de lo que expreso fue la reforma a las leyes agrarias impulsada por este, que cambiaron el régimen de tenencia de la tierra, distribuyendo las que eran estatales a campesinos y pequeños productores, con lo que se logró eliminar el latifundio.

El liderato de Bosch, Balaguer y José Francisco Peña Gómez fue decisivo desde los años 60 hasta la desaparición física de estos; fue por ello que a la oligarquía no le quedó otro camino que aceptar la realidad de que ellos no lograrían llegar al poder y tenían que conformarse con el papel de influir, mas no de decidir.

Aunque los tres grandes líderes fallecieron todos a la distancia de apenas 4 años entre 1998 al 2002, sus delfines honraron sus memorias y no le cedieron más espacios que el que le correspondía a los oligopolios, así lo hizo Hipólito Mejía en el caso del PRD y Leonel Fernández por el PLD que llegó al poder en el año 1996 gracias al apoyo conjunto de Bosch y Balaguer, incluyo un buen amigo Danilo Medina también, aunque es de todos sabido que en el tramo final de su gestión fue permeado por la influencia decisiva de grupos oligárquicos.

La llegada al poder de Luis Abinader, un empresario que incursionó en política y llegó, le ha dado alas al empresariado, a sabiendas de que ya uno de los suyos había subido las escalinatas del Palacio Nacional y, como era de esperarse, para hacer de la actual gestión gubernamental la más plutocrática de todas las que hemos tenido hasta ahora, porque ahora nos gobiernan blancos, acicalados, de familias extranjeras y apellidos rimbombantes, todos con un denominador común: ¡mucho dinero!

Todos los sectores oligárquicos se han dado cuenta en los últimos años de que lo que más les conviene es ejercer el poder de manera directa, y aquí les dejo un decálogo de razones para ello:

1- Acceder a más recursos: Buscan lograr contratos gubernamentales que les dejen pingües beneficios, así como mayores subsidios y beneficios fiscales.

2- Influir decididamente en las políticas públicas: con el fin de que estas se molden a su rentista interés y con ello lograr un entorno comercial favorable.

3- Protección de sus intereses económicos: Buscan que las acciones estratégicas del Estado en beneficio de las grandes mayorías nacionales no les afecten negativamente.

4- Influir en la política fiscal:
Buscan que se les reduzcan los impuestos o, en todo caso, que no se les incrementen, con el fin de seguir obteniendo mayores ganancias.

5- Influir desde el Poder Ejecutivo en el Congreso: Para evitar que nuevas leyes o regulaciones puedan afectar sus negocios, muy por el contrario, gestionan que estas solo les favorezcan.

6- Acceso a información confidencial: A los oligopolios les interesa estar previamente en conocimiento de todo cuanto vaya a hacer el gobierno para adelantarse y tomar decisiones usando esa información privilegiada a la mano para así articular planes que eviten que políticas públicas les afecten.

7- Acceder a mercados internacionales y controlar el local para tener ventajas ante inversiones foráneas: El acompañamiento empresarial permanente, por estar dentro de la estructura oficial, les permite construir redes institucionales vinculantes con el comercio internacional para fortalecer las exportaciones o para importar en las mejores condiciones y así participar en inversiones estratégicas locales con o sin fondos extranjeros.

8- Reputabilidad y legitimación: Vivimos en una infocracia; la comunicación digital y, en especial, las redes imponen el relato en la población. Es por ello que los empresarios buscan mejorar su imagen frente a la ciudadanía, tratando de crear la percepción de que estos se sienten comprometidos con la solución de los acuciantes problemas de la gente y que son empáticos con sus connacionales.

9- Mantener el status quo: Ante una nueva era de volatilidad política y para evitar que surjan liderazgos populares alternativos que defiendan las causas de los de abajo, estos buscan participar para hacer lo imposible por evitar que lleguen cambios que vayan en contra de sus particulares intereses.

10- Control y poder: El alto empresariado busca moldear la sociedad y la economía a su interés e imagen; varios han acaudalado tal fortuna, que les interesa más llegar al Gobierno porque ya dinero tienen; es más una satisfacción de sus egos personales y es que en verdad el sumo placer no lo da ni siquiera tener plata, porque está más que comprobado que “El afrodisíaco más efectivo es el poder”.

El poder directo en manos de los grupos oligárquicos debilita la democracia, crea aún más desigualdad económica, auspicia la corrupción y nos conduce a una mayor falta de transparencia.

Hacia las elecciones del 2028, el alto empresariado encamina sus pasos a la búsqueda nueva vez de la cooptación del Estado por parte de intereses corporativos.

El corporativismo político es ya una realidad innegable, que está afectando sensiblemente al sistema democrático y de partidos, pues estos usarán sus recursos económicos, logísticos y el control de los medios de comunicación tradicional para posicionar sus candidatos en los niveles de elección de su mayor interés, que son el de las diputaciones, senadurías y sobre todo el presidencial.

Hoy existen tres sectores oligárquicos que se disputan el predominio político en República Dominicana: primero, el que componen las antiquísimas familias empresariales; segundo, los nuevos ricos, empresarios no tradicionales, pero que han demostrado tener también la sagacidad de accesar a los entornos presidenciales y, en tercer lugar, pero no menos importante, el gran empresariado del Cibao, cada vez más pujante y que está decidido a ganar terreno para el próximo torneo electoral.

Gracias a Dios, todavía la mayoría del electorado desconfía en llevar nueva vez al poder a otro empresario y, si eso sigue así, que es lo que más le conviene al país, este será el fin de un gobierno plutocrático que, como este, solo ha actuado para beneficiar a los privilegiados de esta sociedad.

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