El FMI advierte de la amenaza de recesión mundial si la guerra se prolonga y el petróleo se encarece más

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REDACCION INTERNACIONAL (ELPAIS.COM)).-La economía mundial está en un atolladero empujada por la guerra de Irán. Lo que a principios de año parecía un paisaje nítido y brillante se ha convertido en un abismo tres meses después. Cuando las turbulencias por los aranceles quedaban atrás, las bombas sobre Teherán amenazan con desencadenar una crisis energética sin precedentes. Pese al frágil alto el fuego alcanzado hace una semana entre Estados Unidos e Irán, los riesgos sobre la economía global son crecientes. El daño ya está hecho. Lo que se decide ahora es la profundidad de las heridas sobre la economía del planeta.

El Fondo advierte del riesgo de recesión económica mundial en el escenario más grave de su pronóstico, si la guerra se prolonga más allá del verano y el precio del petróleo sube aún más y se estabiliza en torno a los 110 dólares el barril (ahora cotiza en torno a 100 dólares). En ese caso, la inflación se dispararía al 6% y la economía afrontaría una perturbación de consecuencias traumáticas.

“La duración y la magnitud del conflicto, así como el tiempo que tardarán en normalizarse la producción y el tránsito de energía una vez finalizadas las hostilidades, determinarán la magnitud final del impacto sobre la economía mundial”, explica Pierre-Oliver Gourinchas, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI). La institución, junto al Banco Mundial, celebra esta semana en Washington su asamblea de primavera, en la que reúne a múltiples líderes mundiales para analizar los desafíos económicos. “El impacto económico mundial dependerá, de manera crucial, de la duración, la intensidad y el alcance del conflicto; factores que son, por naturaleza, impredecibles”, abunda el documento.

Hay un tono invisible de reproche y decepción con Estados Unidos e Israel que rezuma de las Perspectivas Económicas Mundiales (WEO, en sus siglas en inglés), difundidas este martes por el Fondo. Los economistas de la institución se las prometían felices hasta el 28 de febrero, cuando Washington y Tel Aviv atacaron Teherán sin un objetivo claro. Antes de esa fecha se disponían a mejorar sus cálculos económicos para este año, pero la guerra iniciada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu amenaza con hacer descarrilar la economía global.

La respuesta del ejército iraní bloqueando el estrecho de Ormuz, una vía crítica por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, ha encendido los mercados energéticos. Los ataques mutuos sobre instalaciones energéticas avivan el fuego y repercuten sobre el suministro de crudo, gas natural y productos químicos esenciales para las farmacéuticas y la industria agroalimentaria mundial.

Antes de eso, los vaivenes arancelarios habían quedado atrás, la inteligencia artificial (IA) prometía mejoras que empujarían la actividad, los bancos centrales estaban bajando los tipos y abaratando las condiciones de financiación y el dólar estadounidense estaba barato. “El conflicto en Oriente Medio representa una importante contrafuerza para estos factores favorables debido a su impacto en los mercados de materias primas, las expectativas de inflación y las condiciones financieras“, apunta el organismo con sede en Washington, que se encuentra en una tesitura complicada. Hacer pronósticos en medio de la tormenta.

Para hacer su análisis, los economistas del Fondo han esbozado tres escenarios: uno de referencia, en el que la guerra tendrá una duración, intensidad y alcance limitados, de modo que las perturbaciones se disiparán a mediados de 2026. En este caso, el crecimiento global será del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027, dos décimas menos de lo previsto en los cálculos previos para este año del pasado enero. La perturbación en Oriente Próximo también afectará a los precios. “Se espera que la inflación general global aumente al 4,4% en 2026 y disminuya al 3,7% en 2027, lo que supone revisiones al alza para ambos años”, reza el documento de perspectivas.

La revisión a la baja habría sido más profunda, pero una serie de factores atenúan el golpe. Entre ellos, destaca la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos declarando ilegales los aranceles recíprocos y obligando al presidente Trump a establecer un gravamen arancelario menor, del 10%. El Fondo también cita la euforia por la IA, la inversión asociada, así como una política monetaria más acomodaticia, con tipos más bajos que hace un año y las ayudas públicas que han lanzado algunos países para proteger a hogares y empresas de la sacudida en Irán.

En este escenario central, el organismo creado después de la Segunda Guerra Mundial en el marco de la conferencia de Bretton Woods, para dar apoyo financiero a los países, estima que el precio del petróleo aumentará un 21% respecto al nivel preguerra, hasta un promedio de 82 dólares el barril. Los precios del gas natural subirían aún más.

Tres golpes

Gourinchas explica que el impacto de la guerra de Irán sobre la economía se manifiesta a través de tres fuerzas. “En primer lugar, el encarecimiento de las materias primas”. En segundo lugar, añade, “estos efectos podrían verse amplificados a medida que las empresas y los trabajadores intenten recuperar las pérdidas (por la inflación), lo que conlleva el riesgo de generar espirales de precios y salarios”. Y en tercer lugar, el aumento de los riesgos macroeconómicos y la perspectiva de tipos más altos “podrían desencadenar una repentina revaloración en los mercados financieros, caracterizada por valoraciones de activos mucho más bajas, mayores primas de riesgo, una mayor fuga de capitales y una apreciación del dólar”.

Escenarios adverso y severo

Los otros dos escenarios que proyecta el organismo presidido por Kristalina Georgieva son más pesimistas. “A pesar de las recientes noticias sobre un alto el fuego temporal, parte del daño ya está hecho y los riesgos a la baja siguen siendo elevados”, advierte el economista jefe.

En un escenario adverso, con mayores aumentos y más persistentes de los precios de la energía, el crecimiento mundial se desaceleraría aún más, hasta el 2,5% en 2026, y la inflación alcanzaría el 5,4% este año. Esto obligaría a los bancos centrales a reaccionar con aumentos del precio de los tipos de interés. En este escenario, el Fondo prevé que el precio del petróleo aumentaría un 80%, hasta un promedio de 100 dólares.

En un escenario aún más grave, con mayores daños a la infraestructura energética en el golfo Pérsico, el impacto sería todavía mayor: el crecimiento global se reduciría a apenas un 2% en 2026, mientras que la inflación general superaría el 6% en 2027. En este caso, el precio del petróleo subiría un 100% respecto al nivel anterior al conflicto hasta alcanzar un promedio de 110 dólares el barril. “Esto implicaría una situación muy cercana a una recesión mundial, algo que solo ha ocurrido cuatro veces desde 1980; las dos últimas ocasiones coincidieron con la crisis financiera mundial y la pandemia de la covid-19″, recuerda el FMI.

En ese caso, muchos países del planeta entrarían en recesión, sobre todo las economías emergentes y en desarrollo importadoras de petróleo. “Las tensiones geopolíticas podrían agravarse aún más, convirtiendo la situación en la mayor crisis energética de los tiempos modernos, o podrían estallar tensiones políticas internas”, apunta el documento.

El Fondo habla de un impacto desigual en la economía: la revisión a la baja del crecimiento en las economías emergentes y en desarrollo es de 0,3 puntos porcentuales para 2026, mientras que la previsión permanece prácticamente sin cambios para las economías avanzadas. Los países productores de petróleo en Oriente Próximo también sufrirán las consecuencias económicas por tener cerrado el estrecho de Ormuz, y por “los daños en la infraestructura, las interrupciones en la producción, las restricciones a las exportaciones y el debilitamiento de la actividad turística y empresarial”.

Estados Unidos, el menos afectado

Por bloques, el Fondo cree que la economía de Estados Unidos sería de las menos perjudicadas. Le atribuye un crecimiento del 2,3% para este año y del 2,1% para el siguiente, sin grandes cambios en el conjunto del periodo respecto a las anteriores previsiones. La revisión a la baja de una décima para 2026 se debe a la guerra, pero queda compensada por la gran capacidad exportadora de energía de Estados Unidos.

En Europa, por su parte, se prevé que se mantenga la anemia económica, con un modesto crecimiento del 1,1% este año y un 1,2% el próximo, dos décimas menos cada año respecto a la previsión del pasado enero. Italia, atrapada en una eterna crisis política, apenas crecerá un 0,5%; Alemania, el antiguo motor de Europa, no termina de arrancar tras la crisis energética de 2022. El Fondo prevé que crezca un tímido 0,8% este año. Y Francia solo una décima más, un 0,9%. A ese paso, la Vieja Europa sigue perdiendo pie respecto a Estados Unidos y China. España es el único gran país que mantiene velocidad de crucero con un avance del PIB del 2,1% este año y del 1,8% en 2027, la misma proyección que hicieron los economistas del Fondo hace tres semanas y dos décimas menos que en enero.

China, cuya economía suma desequilibrios, crecerá un 4,4% este año y un 4% el siguiente, solo una décima menos de lo que se preveía en enero, porque, pese a la guerra, se beneficia de la rebaja de aranceles de Estados Unidos y de las medidas de estímulos aprobadas por Pekín. Pero todas las proyecciones pueden saltar por los aires en función del desarrollo de la guerra. La imprevisibilidad de Trump, que ha provocado conflictos de escala planetaria mientras dirige la primera potencia mundial, es un indudable factor desestabilizador. Y los funcionarios del Fondo parecen cruzar los dedos para que las tropas se retiren del estrecho de Ormuz y el petróleo vuelva a fluir.

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