ESTADOS UNIDOS (NBAMANIACS.COM).-Los Philadelphia 76ers están de vuelta en los playoffs. Tras faltar a la cita del año pasado, los de Pensilvania se han asegurado su regreso a las eliminatorias tras derrotar a los Orlando Magic por 109-97 en su duelo de play-in, una victoria que les garantiza la séptima posición y los cita con Boston en una primera ronda que se prevé muy complicada para ellos. Pero al menos el objetivo está cumplido. Ahora, salvo regreso milagrosamente veloz de Embiid, lo que venga vendrá.
Porque lo cierto es que sin el camerunés los de Nurse son un equipo que está lejos de ser realmente intimidante, algo que se evidenció incluso esta noche. Fue un choque irregular en ambos lados de la pista, a ratos más sufrido que bonito, y en el que sufrieron para terminar de rematar a unos Magic que se pasaron la segunda parte agonizando. Pero en el que, al menos por esta noche, demostraron tener algo más que Orlando.
Algo más de profundidad, con todos los hombres de la rotación aportando su granito de arena de una u otra forma; algo más de acierto, no presumiendo de grandes porcentajes de tiro pero llegando al menos a una decencia de la que los visitantes, con su 7/27 en triples, no rozaron; y algo más de talento determinante a la hora de la verdad, con Maxey dando un paso adelante en el último cuarto para sellar el triunfo. Uno que no dio ni mucho menos su homólogo en el otro bando.
El drama de Banchero
Es injusto señalar exclusivamente a un jugador de los Magic en una noche en que, quitando a Desmond Bane y sus 34 puntos, nadie hizo nada a nivel ofensivo como para salvarse de la quema (quizás Anthony Black en la segunda parte). Pero a su vez, resulta inevitable que todos los ojos se vayan a la supuesta estrella del equipo ante la pregunta de a quién se podía haber pedido algo más. Porque, en un festival de desastres, el suyo fue sin duda el más sonado.
El alero estuvo desacertado, lento en la toma de decisiones y descuidado con el balón. Fue incapaz de anotar un tiro desde fuera (0/5), y a ratos era también incapaz de llegar a la pintura sin que la defensa de los 76ers, que parecía saber cuándo y cómo atacar su bote, metiera una mano y le quitara el balón. Así lo reflejan 31,8% en lanzamientos de campo y sus 6 pérdidas, que retratan una actuación que no es sino la triste sublimación de la tendencia de esta temporada.
Y es que nunca pareció haber un plan en los visitantes. Incluso si no terminaron de despegarse en el marcador hasta los minutos finales, aguantaron ahí más bien a base de impulsos, de encontrar alguna canasta en transición, de sacar viajes a la línea de tiros libres y de fiarlo todo al acierto exterior de Bane. Pero más que un depredador persiguiendo a su presa, parecían un pobre hombre pendiendo de un precipicio sin terminar de caerse. Y en esos casos, la gravedad siempre acaba ganando.
Sin Embiid, pero…
Los 76ers, por el contrario, contaron con la suficiente inspiración colectiva como para olvidar el hueco que deja Joel en su juego interior. Si bien a ratos hubo pocas más ideas que confiar en la capacidad de Tyrese Maxey para romper e ir hacia el aro y en la de Paul George para generarse su tiro desde media distancia, estos se probaron como recursos eficientes, sobre todo cuando, con la llegada del último cuarto, el base dio un paso adelante que rompió el encuentro.
Pero, incluso si ambos fueron claros protagonistas a nivel ofensivo, no estuvieron ni mucho menos solos.
Los secundarios tuvieron también momentos para brillar, destacando sobre todo un Kelly Oubre que hizo poco más que tirar triples pero los anotó con una enorme eficiencia (5/10) y un V.J. Edgecombe que, en un partido casi antagónico al del alero, estuvo mal en el tiro exterior pero sumó en mil aspectos más, desde el rebote a las transiciones. Y por supuesto, sin olvidar a una rotación interior que hizo todo lo que pudo para hacer olvidar que había un MVP ausente.
Andre Drummond y Adem Bona se combinaron para, entre los dos, crear un pívot bastante completo. El primero, más brillante en ataque, logró terminar con 14 puntos y 10 rebotes, y se encargó incluso de matar el partido con un triple desde la esquina que llevó el delirio al banquillo local; el segundo, que centró su energía en el apartado defensivo, ayudó a Philadelphia a tomar las riendas en el tercer cuarto con tres tapones a cada cual más increíble, usando su poderío físico para terminar de cerrar a los Magic.
Así, si el partido de los de Mosley fue la continuación lógica de su temporada, lo mismo puede decirse del de los 76ers. Tras un año acostumbrándose a lidiar con bajas, encontrar aportaciones en los hombres de rotación y dejar que Maxey resuelva en el tramo final, los de Pensilvania hicieron esta noche lo que mejor saben hacer y les condujo a una nueva victoria. Ahora está por ver si pueden repetir la misma fórmula ante un rival de más entidad.

