Por:José Francisco Peña Guaba
Los resultados electorales son pura matemática y se aplican en política todas las operaciones aritméticas fundamentales, como lo son la suma, resta, multiplicación y división. De estas operaciones tan básicas está la explicación del porqué los gobiernos en RD ganan las elecciones y el porqué aplican en su accionar estas funciones aritméticas. Suman adeptos con los recursos públicos, restan apoyo a los adversarios con la cooptación o compra de dirigentes políticos y sociales, dividen las organizaciones políticas que les son contrarias y multiplican percepciones que les sean favorables con sus fábricas de encuestas.
Ahora bien, lo que más nos afecta, sobre todo a la oposición, es el sistema de asignación de escaños conocido como el método D’Hondt, que está considerado como el método más antidemocrático, ello así porque beneficia de manera desproporcionada a los partidos mayoritarios (en especial a la primera mayoría) y penaliza a las fuerzas minoritarias porque crea un sesgo divisorio sucesivo (1, 2, 3, 4, 5), cosa que le otorga una inequitativa ventaja frente a las organizaciones políticas competidoras, más aún todavía en demarcaciones con circunscripciones pequeñas, como es el caso de las provincias de dos diputados, que hasta con un monto menor al 50% de los votos válidos obtenidos, se les ha asignado los dos escaños a la primera mayoría en una decisión inconstitucional, primero porque viola el derecho de representación de las minorías y también porque desconoce el carácter directo del voto cuando se le suman los votos de un candidato a otro postulado por una misma organización política o alianza.
El método D’Hondt también le otorga una sobrerrepresentación a la primera mayoría electoral porque hemos visto que hasta con un 50% de votos se le ha otorgado hasta el 80% de los escaños y es por ello que el PRM se llevó los dos diputados en el 95% de las pequeñas provincias y circunscripciones del exterior en donde solo estaban en disputa dos cargos de elección.
Tanto peor que el método D’Hondt lo es el injusto, desigual y mal llamado voto preferencial, un verdadero engendro que se creó en este país en el año 2002 en el gobierno de Hipólito Mejía, el cual se vendió como la panacea democrática que vendría a darle visualización al liderazgo real de las comunidades, sobre la lista que presentaban los partidos políticos que casi siempre postulaban sus mejores hombres y mujeres para llevarlos al Congreso Nacional, pero con el tiempo se ha quedado más que demostrado que ha sido todo lo contrario, porque ha bajado significativamente la calidad de la representación y le ha dado paso a los poderes públicos al lavado y al narcotráfico que han llevado ahí sus alfiles.
Pero para colmo de males, en la gestión de gobierno de Danilo Medina, este abusivo mecanismo de selección que solo existía en el nivel de diputados se extendió a las regidurías y vocalias, lo que ha convertido hoy las salas capitulares en el verdadero mercado persa de la política, todo porque el mal llamado voto preferencial privilegia a los que tienen dinero mal habido en su amplia mayoría, porque resulta inexplicable la alta inversión económica que hay que realizar para lograr un escaño preferencial. Conozco diputados que han invertido más de 60 millones de pesos y regidores hasta más de 20 en sus candidaturas, sumas estas que no recibirían ni por asomo a través de sueldo u otros beneficios en sus 4 años de gestión.
Está más que claro que a quien más afecta el método de asignación de escaños D’Hondt y el voto preferencial es precisamente a la oposición, más aún si esta lleva candidaturas diferentes a puestos electivos, cosa que le entrega en bandeja de plata la victoria al oficialismo antes de contar el primer voto, porque quienes tienen dinero a borbotones son los altos funcionarios y también los detentadores de dinero con origen espurio.
La verdad es que se ha comprobado el efecto nocivo a la democracia de ambos mecanismos de elección; sin embargo, a los candidatos ganadores no ha habido forma alguna de que se le haga conciencia como actores del poder para que esto se cambie en el Congreso Nacional, estos ignominiosos métodos que están hundiendo el sistema democrático y de partidos en esta media isla. Todo parece indicar que, por la tozudez, se impondrá nueva vez y, salvo un milagro, iremos a los próximos comicios con esos injustos mecanismos, cosa que llama a un profundo análisis a la oposición política, porque la única manera de competir con estas difíciles condiciones frente al oficialismo es si unificamos las boletas en los niveles municipales y congresuales, aunque no así tal vez en el nivel presidencial, que, como se elige con mayoría de votos (el 50% más 1 voto), es posible que este se decida en una segunda vuelta electoral.
La oposición está compelida a llevar los mismos candidatos uninominales (senadores, alcaldes y directores de distritos municipales) porque estos se obtienen con mayoría simple de votos y, si la oposición presenta candidaturas diferentes el oficialismo con candidaturas unificadas en su coalición le ganaría hasta con una minoría de votos a la oferta electoral de una oposición dividida, al igual o peor sería con las candidaturas plutinominales y preferenciales ( diputados, regidores y vocales) en donde el desastre sería muchisimo mayor para la oposición porque ahí confluyen a la vez los inequitativos mecanismos del sistema preferencial y el de asignación de escaño conocido como método D’hondt.
La oposición pudiese ir dividida en el nivel presidencial si lleva buenos candidatos o candidatas y si pacta previamente un acuerdo de ir unidos en una eventual segunda vuelta, pero en los niveles municipales y congresuales, el postular candidatos diferentes por las organizaciones opositoras sería un verdadero suicidio colectivo porque eso sería la crónica de una derrota anunciada.
La oposición debe madurar y entender esta lógica matemática que actúa en contra de sus intereses y si no lo entienden sus líderes merecen perder la confianza de su electorado, porque si se sabe previamente que ir separados es una verdadera locura, el apostar a ello nos llama a una profunda reflexión porque lo que participen en tan desatinada acción están de lado del oficialismo, haciéndole un flaco servicio al proyecto opositor.
Es por eso que desde la instancia de unidad llamada DIÁLOGO OPOSITOR llevaremos a todo el país y a la diáspora la explicación en detalle del porqué debemos hacer nuestro mayor esfuerzo en ir unidos en los niveles electorales antes mencionados. Celebraremos encuentros próximamente en todo el país, exhortando a los dirigentes opositores locales en las demarcaciones a que se vayan poniendo de acuerdo para presentar boletas conjuntas de sus partidos para así poder plantarle cara a las candidaturas del Gobierno.
Tienen en ese objetivo unificador una gran responsabilidad los expresidentes Leonel Fernández y Danilo Medina, porque ellos están llamados a no fallarles a sus organizaciones políticas y sobre todo a su liderazgo local, porque con una mala decisión lo conducirían a una derrota preanunciada, y es por ello que las dirigencias partidarias deben presionar a sus directivos a que vayan explorando fórmulas que nos conduzcan a la unidad de propósitos con candidaturas comunes a presentar al electorado.
Es por ello que insto a los aspirantes a candidaturas a que hagan el máximo de presión para que esta unidad ocurra, porque si no, esto será un verdadero desastre, ya que sería una absoluta y total pérdida de tiempo y de recursos económicos el aspirar a una posición electiva a sabiendas de que seríamos barridos por las candidaturas unificadas de la coalición oficialista, que no le permitirá de modo alguno a sus organizaciones integrantes que le presenten en la mayoría de los casos candidaturas independientes en las demarcaciones.
Hago un llamado vehemente a los aspirantes de la oposición a puestos electivos para que le hagan conocer al liderazgo de sus partidos la obligatoriedad o necesidad de un acuerdo opositor, negándose a ser usados por aquellos que se nieguen a la unidad, porque no hay espacio alguno para aquellos que, por egos, malquerencias u odios inexplicables, prefieran dañar o castrar la esperanza de sus dirigentes antes de pactar con los otros líderes de la oposición.
La insensatez debe ser penalizada por parte de los aspirantes a cargos electivos cuando observen radicalismos sin sentido por parte de su alta dirigencia, sobre todo cuando busquen esquivar el participar en una coalición opositora, porque entiéndalo claro: el que así lo haga, no lo duden, estará al subrepticio servicio del oficialismo y no nos podemos dejar engañar más.

