Fernando Langa: El Perfil que Necesita la Nueva Suprema Corte de Justicia

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Por: Fidel Lorenzo

La República Dominicana se encuentra ante una de esas coyunturas institucionales en las que las decisiones de hoy pueden marcar el rumbo de nuestras instituciones durante muchos años. La selección de los nuevos integrantes de la Suprema Corte de Justicia no puede ser vista como un simple ejercicio de sustitución de magistrados. Es, fundamentalmente, una oportunidad para fortalecer la credibilidad del sistema de justicia y recuperar la confianza de una ciudadanía que demanda respuestas.

En este escenario, considero que el doctor Fernando Langa reúne condiciones profesionales y humanas que lo hacen merecedor de ser tomado en cuenta para integrar la Suprema Corte de Justicia.

No basta con ser un buen abogado para ocupar una posición de esta naturaleza. Se necesita conocimiento jurídico, experiencia, independencia de criterio, prudencia, integridad y, sobre todo, una profunda conciencia de la responsabilidad que implica administrar justicia en nombre de la República.

El doctor Langa representa, a mi juicio, esa combinación.

Su capacidad profesional, acompañada de valores éticos, morales y espirituales, constituye un elemento que puede aportar significativamente a una institución que enfrenta el desafío permanente de preservar su independencia, resolver conflictos internos y responder a las expectativas de la sociedad.

La justicia necesita autoridad, pero también necesita credibilidad.

Las situaciones de inconformidad y los reclamos que han trascendido desde distintos sectores del cuerpo judicial, así como la percepción de que algunas situaciones internas no han recibido respuestas suficientemente oportunas, colocan al Poder Judicial ante una realidad que no debe ser ignorada.

Esta coyuntura representa una prueba para quienes tendrán la responsabilidad de conducir la nueva Suprema Corte.

La sociedad necesita magistrados capaces de comprender que los conflictos institucionales no desaparecen cuando se silencian. Por el contrario, cuando no se enfrentan mediante el diálogo, la transparencia y la búsqueda de soluciones, terminan afectando la confianza en las instituciones.

Por eso resulta fundamental que la nueva composición de la Suprema Corte cuente con personas capaces de gestionar las diferencias, construir consensos y convertir los conflictos en oportunidades de fortalecimiento institucional.

En esa dimensión, Fernando Langa puede ser un referente, su perfil permite pensar en una magistratura donde la firmeza jurídica no esté divorciada de la sensibilidad humana; donde la autoridad no sea confundida con imposición; y donde el ejercicio del poder judicial esté acompañado de prudencia, equilibrio y responsabilidad.

La República Dominicana no necesita una Suprema Corte distante de la sociedad. Necesita una Corte consciente de que cada decisión judicial tiene consecuencias concretas sobre la vida de las personas y que la confianza en la justicia se construye diariamente.

También necesita jueces que comprendan que la independencia judicial no significa aislamiento institucional. La independencia debe convivir con la rendición de cuentas, la transparencia, el respeto entre los actores del sistema y la capacidad de escuchar.

 

El momento exige perfiles que puedan ayudar a cerrar brechas, superar tensiones y fortalecer la institucionalidad desde dentro.

Fernando Langa, por sus condiciones profesionales y por los valores que le reconozco, reúne características que considero especialmente pertinentes para ese desafío.

No se trata de presentar a una persona como infalible ni de desconocer que existen otros juristas con méritos para aspirar a tan alta responsabilidad. Se trata de reconocer que, en determinados momentos históricos, además de la preparación técnica, adquieren especial importancia el carácter, la integridad y la capacidad de ejercer autoridad con equilibrio.

La nueva Suprema Corte tendrá ante sí una tarea que va mucho más allá de conocer expedientes y dictar sentencias. Tendrá que contribuir a fortalecer la institucionalidad, enfrentar los desafíos internos del Poder Judicial y demostrar que la justicia dominicana puede continuar avanzando hacia mayores niveles de independencia, eficiencia y credibilidad.

Por eso, en el proceso de evaluación de los candidatos, conviene mirar más allá de los currículos.

Hay que preguntarse quiénes tienen la capacidad de administrar conflictos sin agravarlos; quiénes pueden escuchar sin renunciar a sus principios; quiénes pueden ejercer autoridad sin perder la humildad; y quiénes comprenden que el verdadero poder de un juez no está en el cargo que ocupa, sino en la confianza que inspira su conducta y en la legitimidad de sus decisiones.

La nueva Suprema Corte necesita juristas, pero también necesita referentes.

En mi valoración, el doctor Fernando Langa puede ser uno de ellos, porque recuperar la confianza en la justicia no será solamente una tarea de leyes, reglamentos o sentencias. Será también una tarea de hombres y mujeres llamados a demostrar, desde las más altas instancias del Poder Judicial, que la justicia puede ejercerse con conocimiento, independencia, integridad y sentido humano.

Cuando una sociedad pierde la esperanza en la justicia, comienza a perder la confianza en sus instituciones. Y cuando recupera la confianza en sus jueces, comienza a recuperar también la esperanza en el Estado de derecho.

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