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Luka Doncic se inculpa por segunda derrota y Kyrie Irving le responde
BOSTON (NBAMANIACS.com).-El final del Game 2 de las Finales ha dejado una pregunta en la cabeza de jugadores y cuerpo técnico de Dallas Mavericks: ¿Qué más tenemos que hacer para ganar a los Celtics?
Esa cuestión, tan sencilla como complicada a la vez, es la que preocupa a los de Texas, quienes dominaron el marcador durante muchos minutos para terminar viéndose superados por un equipo que simplemente aparenta ser mejor. Anoche, pese al triple-doble de 32 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias de Luka Doncic, Boston volvió a llevarse el triunfo para ponerse 2-0 arriba en la pelea por el anillo. Con tal resultado, la estrella eslovena de los Mavs no duda a la hora de asumir la culpa de la derrota.
«Creo que mis pérdidas de balón y mis tiros libres fallidos nos costaron el partido. Tengo que hacerlo mucho mejor en esas dos categorías; si bien a fin de cuentas se acaba tratando de convertir los tiros», comenta Doncic, quien se unió a LeBron James, Charles Barkley y Jerry West como los únicos jugadores en la historia de la NBA en registrar un triple-doble de 30 puntos en una derrota en las Finales.
Aunque Doncic tiene razón en que podría pulir detalles, su juego está justo donde se esperaba antes de comenzar las Finales. Además, Dallas defendió mejor en el segundo partido y algunos compañeros como P.J. Washington pusieron su granito de arena. Ante tal escenario, Kyrie Irving alza la voz para dejar claro que en caso alguna es responsabilidad del esloveno la derrota.
«No está solo y se lo vamos a decir. Hasta cierto punto se están desbordando sus emociones y siente que podría jugar mejor, igual que yo. Yo asumiría la mayor parte de la responsabilidad. Los dos primeros partidos no fueron los mejores por mi parte», responde el guard.
Irving, en problemas
Esa es la realidad de Kyrie Irving. Tras lograr 30 o más puntos en tres de las cuatro victorias ante Minnesota Timberwolves, el inicio de las Finales del escudero de Doncic ha sido más que irregular para quedarse en un promedio de 15 puntos con un 37,1 por ciento en tiros de campo. Si los Mavericks quieren apurar sus opciones de ser campeones necesitan que Irving de un importante paso al frente.
Tatis Jr. extiende su racha de juegos con hits a 15 con su jonrón 12 del curso
SAN DIEGO (AP) — El cuadrangular de dos carreras de Jake McCarthy coronó la segunda entrada en la que anotaron seis carreras y los Diamondbacks de Arizona vencieron 9-3 a los Padres de San Diego el domingo para dividir la serie de cuatro juegos.
El dominicano Fernando Tatis Jr., pegó su jonrón 12 de la temporada y extendió a 15 su cadena de partidos en fila bateando de hits.
McCarthy y Kevin Newman cada uno consiguió tres de los 15 imparables de Arizona, mientras los Diamondbacks se recuperaron de derrotas por 10-3 y 13-1 en noches consecutivas. Los campeones reinantes de la Liga Nacional, que ganaron el primero de la serie 4-3 el jueves por la noche, han ganado seis de nueve, mientras que los Padres han perdido seis de ocho.
Recién llamado de la sucursal Triple A Reno, el zurdo Tommy Henry (2-2) logró la victoria en labor de relevo del abridor Scott McGough. Henry permitió dos carreras y tres imparables en dos entradas y un tercio, con dos bases por bolas y un ponche. Siete lanzadores de los Diamondbacks contuvieron a los Padres en siete hits.
Arizona atacó temprano al diestro Adam Mazur (0-1), quien tuvo su segunda apertura en las mayores después de que su contrato fuera elegido de Triple-A El Paso el martes. Aceptó ocho carreras con ocho imparables en tres poco más de tres entradas, con tres bases por bolas y dos ponches.
Por los Diamondbacks, el cubano Lourdes Gurriel Jr. bateó de 5-2 con dos carreras anotadas y dos producidas. El dominicano Ketel Marte de 4-1 con dos carreras anotadas. El venezolano Eugenio Suárez de 5-1 con una remolcada.
Por los Padres, el dominicano Tatis Jr. bateó de 4-1 con una carrera anotada y una producida. El venezolano David Peralta de 3-1. El colombiano Donovan Solano de 3-0 con una anotada.
Alcaraz remonta hacia la gloria: primer Roland Garros, tercer Grand Slam
PARÍS (Agencia EFE). El español Carlos Alcaraz consiguió su primera corona en Roland Garros y su tercer Grand Slam, tras remontar en la final contra el alemán Alexander Zverev, a quien venció por 6-3, 2-6, 5-7, 6-1 y 6-2 en 4 horas y 19 minutos.
El tenista de 21 años, que gracias a esta victoria ascenderá al número 2 del mundo, se dejó caer sobre la tierra batida de la pista Philippe Chatrier antes de ascender a la grada donde estaba su equipo y su familia y abrazar a su abuelo, a sus padres y hermanos.
Alcaraz se convierte en el décimo español que se alza con el Grand Slam de tierra batida, suma el triunfo número 26 de españoles en París y en el más joven ganador de trofeos grandes en las tres superficies.
Además, es el segundo vencedor de Roland Garros más joven, por detrás de Rafa Nadal, los dos únicos que han ganado el torneo antes de cumplir los 22.
En el día de la región de Murcia, de la que es originario el español, Alcaraz se alzó con el torneo dos años después de que Nadal levantara el último de sus catorce (2005, 2006, 2007, 2008, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2017, 2018, 2019, 2020 y 2022), e inscribe su nombre en una nómina que abrió Manolo Santana en 1961 y que, tras renovarlo en 1964, ampliaron Andrés Gimeno (1972), Arantxa Sánchez Vicario (1989, 1994 y 1998), Sergi Bruguera (1993 y 1994), Carlos Moyá (1998), Albert Costa (2002), Juan Carlos Ferrero (2003) y Nadal.
El propio Alcaraz reconoció que Roland Garros no es un torneo como los otros cuando eres español y su victoria le consagra como el estandarte de la hornada nacida en el nuevo siglo, la que está llamada a tomar el relevo del ‘Big 3′.
Al contrario que Zverev, que cuatro años después de haber perdido en Estados Unidos la final contra el austriaco Dominic Thiem tras llevar dos sets arriba volvió a desperdiciar una ventaja para anotarse su primer Grand Slam.
Un golpe duro para este representante de la generación de los 90, encajonada entre la larga sombra del ‘Big 3′ y la pujanza de los que vienen pegando fuerte.
A sus 27 años, le faltó algo de aliento para imponerse en la final y rematar su extraordinaria racha de doce victorias consecutivas que inició en el pasado torneo de Roma, donde sumó su sexto Masters 1.000.
Pero esta derrota dejará huella en la mente del alemán, por la forma en la que se produjo y por el escenario, el mismo en el que en unos meses buscará renovar su oro olímpico.
Mientras Europa elegía a su nuevo parlamento, Roland Garros buscaba un nuevo rey, el año en el que el de hierro, el que tiene una estatua que para siempre recordará sus 14 títulos, Rafa Nadal, había dicho adiós con 38 años en primera ronda y que el único que le ha hecho algo de sombra sobre la tierra batida, el serbio Novak Djokovic, se había marchado con una lesión a los 37.
El combate prometía ser de alta intensidad, porque las previsiones no se inclinaban de forma clara por ninguno, como las encuestas que lo dejan todo a ver qué deciden a última hora los indecisos.
Muy claro lo tenía Carlitos, que llegaba de una batalla sin piedad contra el italiano Jannik Sinner, el virtual número 1 del mundo, de la que salió victorioso por fe y constancia y que no parecía querer otro sufrimiento.
El duelo comenzó mirando al servicio del germano, que empezó con dos dobles faltas consecutivas y que marcó el ritmo de los primeros compases. Zverev no se bajaba de los 200 km por hora, pero Alcaraz conseguía contrarrestar el saque bien con su resto, minimizando la principal arma de su adversario.
Se intercambiaron quiebres de salida, pero el juego del español fue ganando en volumen, en variedad, tirando de su abanico de golpes que pusieron a prueba la atención del alemán, que no tiene la mejor arrancada del circuito y tuvo que corretear una vez tras otra tras las dejadas del murciano.
Con eso consiguió arrancar hasta tres saques a Zverev en el primer set, una gesta si se tiene en cuenta que en todo el torneo había dejado escapar 14.
Ajustó cosas el germano para el segundo asalto, en el que el español tuvo la desconexión de siempre, la que identifica a los genios, que lo son porque no son perfectos.
Zverev estaba más atento, dominaba más los intercambios apoyado en un 83 % de primeros servicios, un tormento para Alcaraz, que, en el filo de la navaja, empezó a fallar más. El duelo tomó otra dimensión, con el español a la deriva, obligado a dar un toque de timón.
Incrementó la presión el español, varió el juego para hacer correr a su rival y logró meter un grano de arena en la maquinaria germana, para colocarse 5-2 y servicio a favor para hacerse con la tercera manga.
Pero le tembló el pulso en el momento clave, otro despiste que le costó cinco juegos seguidos y el tercer set, lo que le puso contra las cuerdas.
La reacción fue inmediata. Alcaraz recuperó su potencia, sorprendió al alemán, que, cuando se quiso dar cuenta, había cedido cuatro juegos. El español fue atendido por el fisio, pero solo fue un susto pasajero.
El partido estaba abocado a ser la décima final de Roland Garros que se resolvía en cinco sets, le epílogo normal entre dos supervivientes: Alcaraz había superado a cinco en semifinales a Sinner y de los once partidos que había jugado a cinco en toda su carrera, solo había perdido uno. Zverev se apuntó dos en este torneo y en total, diez de once en Roland Garros.
El factor físico empezó a jugar su papel y el alemán había llegado a la final con 19 horas y media de tenis en las pistas, el máximo tiempo necesitado por un tenista para alcanzar la final desde que hay datos.
La grada entró en éxtasis, la emoción se apoderó de cada golpe y en la cancha todo parecía posible.
Alcaraz rompió el servicio de Zverev en el tercer juego y aguantó hasta cuatro bolas del alemán para recuperarlo en el siguiente, una de ellas muy protestada por el germano.
El partido entró en el terreno de la agonía. Al español le costaba defender su servicio, pero el alemán empezaba a descarrilar. Como ante Sinner dos días antes, Alcaraz comenzó a liberar su brazo y a llevar la apoteosis a la tribuna, terreno conquistado, «¡Carlos, Carlos!», la música del triunfo, la de los campeones. EFE
Celtics de Boston dan otro zarpazo con su defensa y se va a Dallas con 2-0
BOSTON (Agencia EFE).-Los Boston Celtics se colocaron este domingo con 2-0 en las Finales de la NBA tras vencer por 105-98 a unos Dallas Mavericks en los que Luka Doncic se quedó de nuevo demasiado solo.
La defensa volvió a ser fundamental para unos Celtics que buscan su anillo 18 y desempatar así con sus legendarios rivales: Los Angeles Lakers (17).
La serie viaja ahora a Dallas, donde el miércoles y el viernes se jugarán el tercer y cuarto partido, respectivamente.
Los Celtics, que llevan nueve triunfos seguidos en la postemporada, firmaron una noche terrible desde el triple (10 de 39), pero con el ADN de los grandes equipos incluso en un mal día supieron encontrar la manera de adjudicarse el triunfo.
Si Kristaps Porzingis (que esta noche acabó tocado) fue el ingrediente clave de la primera victoria, esta vez fue Jrue Holiday el faro ofensivo con 26 puntos (estelar 11 de 14 en tiros) y 11 rebotes. También destacó Derrick White con 18 puntos, 8 de ellos en el último cuarto para cerrar la victoria.
Fue una actuación muy coral de los de Joe Mazzulla: Jayson Tatum rozó el triple-doble con 18 puntos, 9 rebotes y 12 asistencias, Jaylen Brown consiguió 21 puntos y 7 asistencias, Porzingis aportó 12 puntos…
En la historia de la NBA, los equipos con un 2-0 en las Finales presentan un balance de 31-5 para conquistar el anillo.
Los Mavericks, que hasta este domingo no habían perdido dos partidos seguidos en este ‘playoff’, mejoraron pero no fue suficiente ante estos imponentes Celtics.
Doncic fue duda hasta última hora por una contusión en el tórax que se sumaba a sus problemas en la rodilla y el tobillo, pero el genio balcánico tiró de carácter para acabar con un triple-doble de 32 puntos (12 de 21), 11 rebotes, 11 asistencias y 4 robos.
El esloveno fue de más a menos (23 puntos en la primera mitad) y cometió 8 pérdidas de balón en total.
Quedó otra vez señalado Kyrie Irving, que ha perdido sus 12 últimos duelos ante unos Celtics en los que es ‘persona non grata’. El base solo logró 16 puntos y 6 asistencias para unos Mavericks también desacertados en el triple (6 de 26).
Doncic no puede solo
Ni con el cuerpo golpeado por mil lados se rindió Doncic, que arrancó al máximo de revoluciones con 13 puntos y un 5 de 7 en tiros en el primer cuarto.
También Irving, gris en el anterior encuentro, buscó recuperar sensaciones cuanto antes con 8 puntos y Dallas llegó a mandar de 7 puntos en un prometedor cuarto inicial.
Tras un inicio descafeinado, los Celtics volvieron a encomendarse a la receta del primer duelo: la irrupción como reserva de Porzingis tanto en ataque (8 puntos) como en defensa. Pero el penoso 1 de 9 en triples condenó a los de verde, que cerraron ese cuarto inicial por detrás (25-28).
Mientras Doncic seguía anotando con una facilidad asombrosa, Tatum no consiguió sus primeros puntos de la noche hasta el 9.29 del segundo periodo.
El esloveno continuó su imponente recital con otros 10 puntos para 23 en una primera mitad magristral (9 de 13 en tiros) en la que también dio algunas asistencias preciosas como un pase por la espalda para Derrick Jones.
Pero Doncic, por mucho que intentaba involucrar a sus compañeros, parecía cada vez más un oasis en medio del desierto ofensivo de su equipo.
En cambio, los Celtics volvieron a presumir de recursos casi infinitos. Sin apenas noticias en anotación de Tatum y Brown (13 puntos entre ambos aunque Tatum dio 8 asistencias), un excelente Holiday alzó la voz con 17 puntos (11 en el segundo cuarto) y los locales, pese a estar lejos de su mejor nivel, se fueron al vestuario mandando (54-51).
No fue una mitad de finura desde el perímetro, ya que Boston se estrelló con un 3 de 15 en triples y Dallas se atascó con un 4 de 13.
Los Celtics amenazaron en la reanudación con reventar el partido desde la defensa.
Más de tres minutos estuvieron sin anotar los Mavericks, que encajaron un parcial de 10-0 y que llegaron a estar 12 puntos abajo en un TD Garden a punto de entregarse a la euforia. Tatum despertó (8 puntos), Brown le acompañó (7) y Holiday seguía a lo suyo (6).
Para colmo de los texanos, que supieron contener la homorragia a tiempo, Payton Pritchard protagonizó el momento más espectacular de la velada con un triplazo sobre la bocina tras cruzar el centro del campo y Boston aterrizó con ventaja en el último cuarto (83-74) pero sobre todo con la inercia a favor.
Expertos en remontadas milagrosas, los Mavericks volvieron a la carga con un Irving al que por fin empezaron a entrarle los tiros.
Pero la defensa de verde reapareció en el momento clave, White metió dos triples y puso además un tapón clave en el último minuto y Boston sonríe ya a solo dos triunfos de un título que no ganan desde 2008. EFE

