“La política sin políticos: ¿Renovación o usurpación?” Reflexiones Atrevidas # 141

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Por: José Francisco Peña Guaba

En República Dominicana se asoman las brisas huracanadas de la desafección política, algo que ya se instaló en el poder en otros países; aquí empieza a sentirse y es que ya se está viendo como una normalidad que aspirantes a todo tipo de candidaturas, inclusive hasta la presidencial, se presentan a la ciudadanía con la manida frase “Yo no soy político”.

Pareciera que declararse como no político es una carta de presentación, un certificado de honestidad, una garantía de idoneidad o más aún una medalla, aunque lo justo es reconocer que “la gente esto lo aplaude porque está muy cansada, hastiada de que los políticos no le resuelvan sus principales problemas”.

Es por ello que llegan los noveles aspirantes a ser los nuevos mesías, los “outsiders” que prometen cambiarlo todo y que vienen a hacer “lo que los políticos no han realizado”, y la verdad es que estas palabras les resultan agradables a los oídos de las masas, porque esto les suena a renovación, a cambio radical.

Los outsiders en nuestra media isla se encuentran sobre todo en el sector empresarial, del que hizo mucho dinero y ve en la política otro nuevo proyecto, que le dará lo que le falta, “el satisfacer su ego asaltando el poder”, y es por eso que viene con su discurso de “eficiencia a gerenciar el Estado como una empresa privada”, pero como este llegaría con sus propios recursos económicos, entiende que no le deberá lealtad a nadie, ni siquiera a los electores a los que dice representar.

En el liderazgo digital están los más conectados con la población, pues son los que más ven y escuchan los ciudadanos desde sus celulares o dispositivos móviles; empatizan con la gente porque les hablan de manera llana y porque defienden sus causas más sentidas, pero son precisamente ellos los que más critican a los políticos y, aunque tienen muchos seguidores que se pueden contar hasta millones, no precisamente convertirían todo este apoyo en votos para sus proyectos disruptivos y son los que hoy movilizan las calles porque ante cualquier convocatoria de ellos, el pueblo acude; son los que tienen menos experiencia para gobernar. Ahora, no menos cierto es que en algún momento estos han sido de los más beneficiados por los gobiernos de turno.

En la sociedad civil también existe gente con prestigio, con causas, pero sin estructura real de apoyo. Varios de estos ciudadanos son muy respetados y con una dilatada trayectoria en defensa de la población, pero también los hay que simplemente buscan sustituir a los políticos, haciendo de la antipolítica, precisamente, su política para tratar de llegar al Palacio Nacional.

¿Qué une a todos los antes mencionados aspirantes?

Su rechazo a los partidos políticos y especialmente a los políticos de oficio; por eso permanentemente desacreditan a las organizaciones políticas, porque unos quieren llegar con su dinero, algunos con su viralidad y otros con su marca o prestigio personal.

¿Ahora el porqué estos foráneos quieren saltarse a los partidos políticos? Estas son las razones:

1- Evitar que lo sindiquen como “político” porque eso le suma apoyos por el alto nivel de desafección política existente en la ciudadanía.

2- La velocidad o la inmediatez es una de las manifestaciones del ser humano en la sociedad líquida de hoy, y estos no quieren hacer carrera, no desean esperar ni tomar experiencia, solo creen en lo inmediato, en aprovechar el momento en alza de su figura.

3- No desean compromiso institucional o partidario, no quieren nada que los ate, porque no desean someterse al control de las estructuras de dirección de los partidos; se sienten por encima de toda su dirigencia, solo atinan a responder a sus contribuyentes económicos y a su comunidad de apoyo.

4- Solo buscan un objetivo y no desean hacer carrera partidaria alguna; ven la política como un proyecto y quieren lograr su plan estrella, por lo que ellos entienden que, al llegar al poder y cerrado este ciclo, deben regresar a sus actividades personales, porque pueden tener interés, mas no tienen vocación.

¿Qué diferencia a los “outsiders” de los políticos?

El político de carrera casi siempre paga el precio; le dedica años de su vida al más de las veces ingrato oficio de la política, conoce a la gente, el territorio, la calle, ha ido a mil reuniones, a cientos de actividades, a velorios, cumpleaños, graduaciones, conoce el barrio y sus problemas.

Conoce la realidad del pueblo y se hace tutear de todos, de los buenos y los de “non sanctas actividades”.

Los políticos de oficio tienen paciencia, la mayoría en largas temporadas opositoras, pero su lealtad y firmeza los hace meritorios; no son producto del momento, construyen con su trabajo un espacio electoral en la ciudadanía y, aun cuando los hay “mediocres y desfasados”, a casi todos les toca hacer sacrificios antes de llegar al poder.

Los políticos tienen en su mayoría vocación de servicio, tienen por años que abrir sus casas u oficinas a los compañeros, solidarizarse con el dolor ajeno, gastan sus exiguos recursos en su partido y tienen sobre todo memoria histórica porque conocen lo sucedido en cada etapa de la política vernácula nuestra.

El político bueno se queda a pesar de no obtener el poder, pone en riesgo su estabilidad económica y familiar, no se aflige ante los tiempos malos y trabaja para construir los buenos.

Los “outsiders” cuando no logran su objetivo se retiran, no se arriesgan, mucho menos se inmolan, conocen de relaciones superfluas y no se comprometen a acompañar al pueblo desde la política por más tiempo que el que les sea conveniente.

Para los que todavía entienden mejor a los oportunistas o a los potenciales usurpadores del poder, les invito a leer el libro Fuego y Cenizas. Éxitos y fracasos en la política del canadiense Profesor de Harvard Michael Ignatieff, un afamado escritor, referente global de derechos humanos, que en el año 2006 “bajó a la arena y se metió en la política en su país”. Llegó desde el Partido Liberal a ser el líder de la oposición, tenía el mejor currículum, las mejores ideas y hacía los más brillantes discursos y perdió estrepitosamente las elecciones en el año 2011, dejando el partido que lo postuló para Primer Ministro, maltrecho y en peores condiciones que cuando lo asumió porque perdió hasta su propio escaño en la Cámara de los Comunes o Cámara Baja y volvió a dar clases a Estados Unidos. Cinco años después de este hecho escribió la más realista y sentida autocrítica de “outsider alguno” y les dejó solo esta cita de su esclarecedor libro sobre el papel de los políticos:

Tenía razón sobre las políticas. Pero estaba equivocado sobre la política. Despreciaba a los políticos profesionales. Pensé que con ideas y buena voluntad bastaba. No entendí que la política es un oficio. Es tocar 200 puertas, es perder, es transar, es estar ahí el día que no hay cámaras”.

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